Inicio Actualidad Crisis social: se agravan deudas y salidas de cuentas financieras

Crisis social: se agravan deudas y salidas de cuentas financieras

Gabriel era operario de una empresa logística del Parque Industrial pilarense. Limeño, fue despedido por reducción de personal. Su indemnización final fue dilatada por exigir readecuaciones a su ex empleador.
Los reclamos demoraron varias semanas. Se quedó literalmente sin dinero. Se dirigió a un Centro de Servicios de su tarjeta -cadena supermecadista en el AMBA-. Presentó los certificados del cese y se comprometió a pagar en un plazo no mayor a dos meses. “Fueron relativamente comprensivos.
Aunque me hicieron notar que había que ser económicamente responsable. Siempre con esa marca a fuego”, resumió a este diario. Entre el mar de angustias, los telereclamos de operadores que lo “seguían” de día, noche y por mensajes de texto, al filo de los 60 días, pudo cancelar, recuperar cierta solvencia económica y librarse del saldo financiero.
“Vivía hacia adelante, el dinero no alcancazaba y optaba por comprar a crédito. Surtía efecto, hasta que un día la cadena se rompió “, puntualizó. Eso fue lo que ocurrió con Carina, una prestadora de servicios independientes de Campana. Trabajaba y facturaba como monotributista por tareas generales. Mientras aguardaba por el ingreso de su facturación en distintos estamentos laborales, usaba su tarjeta de crédito de una plataforma virtual. El circuito tuvo quiebres temporales, cuando se retrasaron los pagos. El más profundo fue cuando paulatinamente, fue quedándose sin esos llamados rutinarios de limpieza, asistencia o acompañamiento.
“Se me vino el mundo abajo, los ingresos cayeron por un precipicio”. Primero esquivé los pagos hasta al borde de los cortes. Ahí empecé a rechazar los llamados de la tarjeta” Eran incesantes y no sabía qué hacer”. relató con angustia manifiesta a LA VOZ.
La mujer dijo que vivía preocupada, que su economía doméstica “no mejoraba” y que además convivía con el peso moral de deber y saber que alguien podría ser notificada por tal omisión.
Pero a los siete u ocho meses, insegura, recibió un llamado de un estudio de cobranza, en el que un joven abogado rígido y explícito le propuso un forma de pago reducida y posible. “ Me informó que debía más de $ 2 millones y que con 670 mil pesos, en dos veces, la deuda quedaría cancelada”.
“Fueron dos meses muy sacrificados para el momento que todos vivimos”, explicó, pese a que pudo ver la luz al final del túnel , rompió “todos los plásticos”, comentando en su casa que ahora hay que pensar dos veces en lo que es necesario y lo que puede dejarse para más adelante.”
Con Mario, todo fue tremebundo. Deudor zarateño en curso de la banca privada, que prefiere no mencionar. Fue notificado, advertido y ya embargado.
“Esto es peor que 2000 y 2001”. Buscamos comprensión y ánimo de honrar responsabilidades, pero nadie escucha del todo”, resume ante LA VOZ.
Buscó ayuda que encontró en parte. “ Si sirve de algo esta manifestación, vivan con poco, piensen solo en lo necesario y no planifiquen con grandilocuencia”, rescató.