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  • Día del fotógrafo: Cinco fotógrafos cuentan sus historias

    21/9/2020

    La fotografía está presente en cada uno de los seres humanos bajo la forma potencial de registrar algo. Se ubica de forma concreta y central en la historia política, social, cultural y económica de un pueblo y muchas personas la abrazan como herramienta de emancipación artística. Otros, como mero hobby o medio hedonista con atribuciones narcisistas de tomarse una selfie.
    Donde haya un ojo, habrá una perspectiva. Y donde haya un pueblo, habrá un fotógrafo.
    En un nuevo día del fotógrafo, cinco personas apasionadas por ella que eligieron diferentes rubros laborales y que han tenido distintos acercamientos; reflexionan sobre la fotografía, el rol social de la misma, la importancia personal que tiene la actividad para cada uno de ellos y cómo es continuar con esta pasión en cuarentena por la pandemia del Coronavirus; con los contratiempos económicos que implica no estar trabajando en fotos escolares o fiestas a raíz de la pandemia.

    Nilda Gianfelice: “Sin mi cámara, no soy nadie”

    Se dedica a la fotografía desde los 16 años. Primero como hobby y desde 1994 como profesional. Como la mayoría, comenzó con las fotografías sociales y luego se dedicó al arte fotográfico y al fotoperiodismo. Fue una de las pioneras del “Foto Club de Zárate” y el “Grupo Enfoco”, realizando exposiciones colectivas en Zárate y sus alrededores. Sus muestras recorrieron varios salones y galerías de renombre, como así también representaron a la ciudad en Entre Ríos y otras muestras de la provincia. Entre las que se destacan “Tributo a la Vida”, realizada en el Almacén Cultural, declarada de Interés Municipal y Legislativo por el Concejo Deliberante y por la Cámara de Diputados bonaerense. Dicha obra refleja el trabajo de médicos, obstetras, enfermeros y auxiliares del hospital Virgen del Carmen. Esta obra también se presentó en el Salón de los Pasos Perdidos de la cámara de Diputados bonaerense y en la UTN. “Imágenes x3”, sobre paisajes de Sierra de la Ventana; la reconocida muestra “Mas allá de los Sentidos”, con fotos de los glaciares; colección que le abrió las puertas para exponerla en la Casa Rosada en el año 2010. Siguió “Vivencias de mi Cámara” en abril de 2010. “Tres caminos …..Un destino”, con una selección de fotografías en blanco y negro de San Telmo. “Buenas Compañías”; “Sur… al Horizonte” junto a su colega Mario Castillo, muestra que fue expuesta en la sala José Luis Cabezas de la Cámara de Diputados de la Nación; “Ellos…también”, con un colega y de forma conjunta con alumnos y alumnas de la Técnica 3. “Memoria, Derechos y Dignidad”, presentada en la localidad de Escobar, en la secretaría de Cultura y Derechos Humanos. Una colección que es presentada en nuestra ciudad, en el Tito Alberti en abril de 2018.
    Actualmente está acreditada en el Congreso como personal de prensa, participando de las sesiones inaugurales de ambas cámaras y en las actividades del Parlamento.
    “Ser fotógrafa, en lo personal, me abrió muchos caminos. Me considero una persona tímida y mi cámara logró que fuera venciendo esa timidez, tanto en los eventos sociales como en los políticos. Y tener el honor de estar con personajes de la cultura y de la política que jamás hubiera soñado. Otra cosa que me pasa es que cuando me focalizado en paisajes, me aislo de todo. Y pude, de esa manera, transmitir a través de mi cámara las maravillas de mi país. Ser fotógrafo no es solamente hacer un click, va mucho más allá. No solamente es un modo de vida, es una manera de transmitir emociones, sensaciones y sentimientos”, expresó Nilda, nombre que hoy es sinónimo de la fotografía en Zárate. ¿Quién te sacó la foto? Y cuando la respuesta es, “Nilda”. Yo todos saben quién es.
    “La pandemia me encontró justo por hacer una exposición en el salón de los pasos perdidos en el Congreso de La Plata. Tres días antes tuve que parar todo. También tenía programado casamientos y cumpleaños de 15 que también se cancelaron, como las fotos grupales en las escuelas. En realidad mi trabajo está parado y no creo que se reanuden hasta mediados del año que viene”, se lamentó Nilda. Y con un dejo de honda tristeza, dejó caer; “extraño mucho a mi cámara porque quien me conoce sabe que sin ella, no soy nadie”. Nilda vive de las fotos sociales, dedica su tiempo pleno a la fotografía en todas sus variantes.
    Por eso, en tren de buscar reponerse de tan sincera y reveladora respuesta, se dió ánimos; “igualmente sigo trabajando en mi nueva exposición desde mi casa. No sé si será para realizarla en público o cuando vuelva la nueva normalidad. Quizás la realizaré de forma virtual ya que no creo aguantar la espera”, reconoció Nilda.

    Karina Di Pascuale: “Ninguna persona puede ser fotógrafa sin ser curiosa”

    Extrapolar las texturas de las miradas y de las cosas más allá del papel fotográfico, es su talento. Karina Di Pascuale, con mucha generosidad, acompaña a otras personas en el camino del buen gusto artístico; en el cual no hay lugar para los temores o los prejuicios.
    “Cuando era chica, y con mi familia viajábamos en auto, yo me recostaba en la butaca de atrás y con la cabeza mirando hacia arriba, para ver los árboles y el cielo como desde otro lugar. Creo que ese fue el principio del ovillo fotográfico. Comencé en esto de la mano de mi prima Paula, ambas de la misma edad, 16 y 17 años. Autodidactas las dos. Recuerdo que teníamos nuestras cámaras pocket, al comienzo, y luego las analógicas réflex compradas de segunda mano, con mucho esfuerzo, en la calle Libertad de Capital. Aprendimos juntas el manejo de la cámara y las técnicas de revelado manual casero. Y sin darme cuenta asi nació mi oficio”, recuerda Karina.
    En los primeros años de su carrera se dedicó a la fotografía comercial, sacando fotos para catálogos, producciones artísticas o productos.
    En el 2009 regresó a Zárate, y desde el 2012 coordina el taller de fotografía “Ojo en Eje”, donde han pasado cientos de alumnos desde entonces. “El taller lo seguimos activamente y, por el momento, en modo virtual, como tantas otras actividades. En el contexto de pandemia, el taller y la muestra que solemos hacer cada año con los trabajos de alumnos se tuvo que aggiornar. Y en este sentido nos sentimos muy orgullosos de haber traído a la zona, el mes pasado, la modalidad de recorrido interactivo de “Salón Virtual” que el Almacén Cultural empezó a exhibirlo, y ahora con varios artistas. Es una manera nueva y adecuada a los tiempos de Covid, para circular en una muestra en cualquier momento del día desde las casas, ingresando y recorriendo para observar de cerca y sentirse inmerso en la propuesta. De hecho pueden recorrerla desde la página del taller; www.ojoeneje.com.ar”, destacó.
    “Trabajamos a distancia, más lejos físicamente pero quizás más activos que nunca; ya que la fotografía también sirve de terapia. Hoy, que más que nunca necesitamos hablar, comunicarnos con el otro, tenemos la mirada como lenguaje propio”.
    Karina es energía y curiosidad pura. Ha trabajado distintas series fotográficas en Zárate, dedicadas a la música o en proyectos mucho más desafiantes como fue “Latente”, junto a Boris (2018), combinando imágenes de botánica a gran escala con el agregado de la técnica de realidad aumentada. También incursionó en la escanografía y el collage.
    “Me gusta la sorpresa, la experimentación, otras maneras de contar. Me estimulan los autores que andan y desandan, encontrando matices en el lenguaje. Yo no creo que lo nuevo mata lo viejo, al contrario, creo en la suma de distintas visiones. Tenemos un universo gigante de herramientas y posibilidades, encasillarnos no sólo es una lástima sino la negación al cambio. Mi cuerpo de obra en tiempos de pandemia habla de la intimidad. Me gusta refugiarme en mi universo casero de plantas y pájaros haciendo que dialoguen de una manera cercana y primitiva. El aislamiento no fue para mí un castigo sino una nueva manera de revisitar la casa y los objetos que forman el universo propio. Esta coyuntura es la oportunidad para detenernos, para elastizar el tiempo y observar (nos). Escuchar lo que la casa tiene para decir, observar minuciosamente, y luego darle voz en la imagen. Estoy trabajando también sobre el cuerpo, la reconstrucción y la adaptación. Mirarnos, entender dónde estamos parados en esta especie de isla desierta que cada uno construyó durante los años anteriores. Ninguna persona puede ser fotógrafa sin ser curioso. Es la curiosidad la que, en definitiva, hace mover a la fotografía en un eterno presente continuo”.

    Quique Silva: “Esta profesión me ha dado muchos amigos”

    Uno de los fotógrafos de la “vieja escuela”; no tanto por su edad sino por su trayectoria y sus modos de ver la profesión, es Quique Silva. Él reconoce que preparaba los equipos antes de una fiesta y la ropa que se iba a poner para ir a trabajar. Estaba en todos los detalles técnicos y también en su presencia.
    “De chico estudié dibujo y pintura porque me gustaban las cosas relacionadas al arte, al color y a las formas. Después comencé a estudiar en el Colegio Industrial y pasé a otro capítulo de mi vida, vinculado al trabajo en fábrica. Pero al mismo tiempo me encantaba la fotografía, entonces leía compraba revistas de la temática. Hacía revelados en lo que todavía era fotografía en blanco y negro. Estoy hablando del año 1971. Luego empecé a estudiar fotografía con un reconocido fotógrafo porteño, Norberto Marabino. Iba de Zárate hasta el Centro de Capital, en la calle Rivadavia, en mi Citröen, y dos veces por semana porque trabajaba sólo seis horas en Siderca. Allí estudiábamos revelado, trabajábamos con modelos en vivo y realizábamos trabajos en conjunto. Ya desde ese momento, hasta hoy con los programas de postedición, me interesaba estudiar, mantenerme aggiornado a los cambios porque soy autoexigente conmigo mismo y aparte porque siempre busqué realizar el mejor trabajo posible; siempre haciendo hincapié en los buenos modales, la educación, la presencia y el respeto por otros colegas”, comentó Quique.
    “Recuerdo que luego vino la fotografía color. Comprábamos papel, sacábamos las fotografías y las revelábamos en color en el estudio de Capital. A la par, debí comenzar cursos de Kodak Color e íbamos de un lado a otro a seguir aprendiendo este gran cambio. A la par, comencé a sacar fotos sociales en Zárate, ya que había pocos fotógrafos dedicados a la fotografía. Me acuerdo que me fuí metiendo en esto tratando de amortizar los gastos que me implicaba la actividad, tanto de equipamiento como de estudio”.
    “Luego vino la fotografía digital, otro gran cambio. Todos pensamos que iba a ser algo muy sencillo pero hay que tener una buena computadora, un buen monitor, programas que soporten las imágenes y demás cuestiones vinculadas. A raíz de ello, también fui a aprender photoshop. Muchos creen que el photoshop es mágico o fácil pero hay que aprender. Seguir aprendiendo me permitió continuar trabajando en casamientos, escuelas y salones de fiestas”, agregó Quique.
    Desde hace años trabaja enteramente dedicado a la fotografía. Lo hace con su esposa, quien se encarga de lo administrativo que implica tomar las fotos y entregarlas a los clientes. De esta forma, estuvieron trabajando hasta finales del año pasado; cumpliendo con encargues para colegios y fiestas privadas en salones.
    “La pandemia nos tomó en un momento malo, dado que todavía tengo las fotos de fin de curso del año pasado de un colegio. El negocio permanece cerrado y muchos proyectos quedaron colgados. Pero soy optimista, pienso que en algún momento se va a reactivar todo y hay que estar preparado”, subrayó Quique. “Una de las cosas más gratas de esta profesión son todos los amigos que me dio y que me sigue dando. Eso es algo invalorable”.

    Héctor Daniele: “No hay edad para comenzar con este mágico arte”

    Tiene 71 años, dedicó gran parte de su vida a su vida profesional universitaria y recién a los 38 años se compró su primera máquina. Y hace doce años que conoció a Karina Di Pascuale y a la gente de Ojo en Eje.
    “Viví cuando era chico en un pueblo muy pequeño de Córdoba. A los 8 años recuerdo que mi padre ganó una cámara fotográfica de caja en una rifa, de aquellas cámaras que eran cajas negras. A raíz de eso presté atención a ese artefacto. Mi reencuentro con la cámara se produce recién cuando iba a la facultad; obviamente desde otro lugar. Por asuntos laborales viajé a Alemania y allí me compré la primera máquina, a los 38 años. Y recién hace doce años comencé a estudiar con Karina Di Pascuale, aprendiendo lo básico de la máquina y los recursos técnicos. Lo que siempre me atrajo, y me atrae, es el hecho de cazar imágenes. De chico, el único entretenimiento que había en mi pueblo era jugar al fútbol o cazar pájaros. Y creo que hoy el hecho de cazar imágenes es una reminiscencia de aquello”, recordó Héctor.
    Su espacio es la ciudad, la fotografía de calle. Por lo tanto la pandemia primero lo paralizó pero luego, junto a los integrantes de “Ojo en Eje”, fueron encontrando los medios y las maneras de seguir en movimiento. Fue por ello que comenzó a repensar espacios y rincones de sus casas. Objetos cotidianos a los cuales les fue encontrando otra textura, otra forma de verlos. En pocas palabras, redescubrió su casa a los ojos de alguien que busca seguir con pasión de “cazar imágenes” aún en cuarentena. No obstante, reconoce que extraña salir a tomar fotos con el grupo de “Ojo en Eje”; “eran muy lindas las salidas los sábados o domingo. Se hacen muy amenas y eran momentos de paz y de gran satisfacción”, recuerda. “Principalmente me encanta sacar fotos en la calle, en ciudades. Hacer un disparo, o varios juntos, es excitante en cierto modo. Luego venir, revelar y ver lo que uno ha sacado es también toda una sorpresa. Me gusta que no hay mucho tiempo para componer la fotografía. A su vez, me motiva el silencio interno, la idea de pensar y buscar imágenes; tratando de jugar con las luces y las sombras de una situación. Creo que el momento mágico es cuando uno encuentra en el ojo esa imágen que tiene en la mente, y aprieta el gatillo”, dijo Héctor, y se entusiasma cuando habla de ello..
    “En verdad soy un neófito de la fotografía. Y para mí esto es un hobby, y la percepción que tengo sobre ella es alguien que juega; y que la utiliza como una cuestión personal. No obstante, considero que la fotografía tiene un valor social muy importante por los diferentes usos que la sociedad va haciendo sobre ella. Establece un tiempo en el cual fue realizada y marca las posiciones de las personas y las cosas en el tiempo y espacio. Aparte su rol fue cambiando bajo la necesidad de reflejar las condiciones de vida y documentando estas formas de vida tan cambiantes. También fue modificada como arte en sí mismo. La verdad es que es un tema apasionante, un arte mágico y considero, por experiencia propia, que no hay edad para comenzar a transitar este camino”, concluyó Héctor.

    Ernesto Ascaso: “Todos los días aprendés cosas nuevas”

    “Mi papá Coco era fotógrafo y mi hermano mayor también sacaba fotos con él. Yo también me prendí con ellos y seguí a fondo con esta profesión heredando la pasión. Recuerdo que de chico comencé a acompañarlo cuando era fotógrafo del INTA y luego como fotógrafo de Sociales. A los 16 años lo empecé a acompañar a fiestas, siempre aprendiendo de él este oficio. Luego, cuando me sentí preparado, comencé a sacar fotos yo solo. Mi papá se fue a vivir a Buenos Aires por cuestiones laborales y quedé con esta profesión; tratando de perfeccionarme en diferentes rubros”, recuerda Ernesto Ascaso.
    “Con el fotoperiodismo comencé en el año 98, en el diario La Voz. Hablé con Jorge De Paolo, y a los dos días comencé a trabajar. En verdad, cuando arranqué en el fotoperiodismo fue como arrancar de nuevo porque el trabajo era muy diferente a lo que hacía en las fotos sociales. Y lo que más necesitaban eran fotos de deportes. Pero la verdad era que cada deporte tiene sus tiempos y sus secretos para el fotógrafo. Está el hecho de dónde ubicarse y los momentos claves en cada disciplina. Eso lo fui aprendiendo con el tiempo. Pero siempre recibí el apoyo del diario, de mis compañeros y de mis colegas. Y lo fui ejerciendo con mucha libertad; con lo cual considero a esto fundamental, porque yo me expreso a través de las fotografías y para tal tarea es clave la libertad, dado que se encuentra mi punto de vista detrás de cada enfoque. Aparte uno, con libertad, trabaja tranquilo y enfocándose en aprender ante cada toma, sin presiones o cuestiones ajenas al oficio”, destacó Ernesto.
    “Siempre me gustaron mucho los deportes, por lo tanto no se me hizo difícil aprender. Y al día de hoy es lo que más me gusta hacer. Pero todo tiene su magia y sus secretos que, en lo personal, me apasiona ir redescubriendo cada día. Porque con las fotos de actualidad sucede que también son un desafío diario. A veces uno tiene que mostrar situaciones a través de la cámara para que el lector entienda lo que está pasando pero pasadas por el tamiz personal de quien está tomando las fotos. Es todo un desafío y es lo mágico que tiene el oficio”.
    En cuanto a los cambios de la tecnología, Ernesto recordó que en el oficio del fotógrafo también estaba el revelado. “Cuando comencé en el diario tomaba la foto y luego tenía que revelarla. Ese trabajo ya lo había aprendido con mi viejo, pero eran todas cosas que uno fue aprendiendo nuevamente. Aquí considero que es clave trabajar de lo que a uno le gusta, porque las cosas resultan más fáciles. Revelábamos en blanco y negro, componiendo las fotos. Luego el medio compró un escáner de negativos hasta que llegó la era digital. Lo cual para los fotógrafos fue un salto increíble.; primero porque se acortan los tiempos y, a medida que fue avanzando la tecnología, se hizo más rápido cada proceso; siempre a los fines la expresividad y de que esa foto sea compartida en el menor tiempo posible para el relato de un acontecimiento”.
    “Debo reconocer que la edición me gusta, he hecho varios cursos, pero trato de no intervenir las fotos en la postedición. Ya sea en cuanto al fotoperiodismo como en las fotografías sociales”.
    Mirando en retrospectiva, y no sin suspirar hondo por todo el tiempo transcurrido, Ernesto consideró que la fotografía “lo formó” como profesional y como ser humano. “Doy gracias todos los días por este trabajo, porque conocemos gente y eso nos termina enriqueciendo mucho como personas. Atravesamos situaciones, estamos en momentos icónicos, en acontecimientos únicos y con la responsabilidad y el orgullo de poder estar ahí para transmitirlos. Aparte en el ambiente de los fotógrafos y en el ámbito laboral, tuve la suerte de hacer muchos amigos”.
    Aparte hay una cuestión de familia en el medio, ya que su hijo Gabriel comenzó a sacar fotos; y desde principios de año comenzó a trabajar en las fotografías sociales con Ernesto. “El será la nueva generación pero ya criada con las nuevas herramientas digitales. Será la tercera generación y es un orgullo para mí y para mi viejo también”.
    Finalmente la pandemia frenó este proyecto familiar vinculado a la fotografía, pero los Ascaso no se rinden fácilmente. “es difícil porque fue una situación inesperada que nos pasó por encima a todos. Aparte es una sensación extraña la de trabajar muchas horas y todos los días a frenarse, bruscamente, todas las actividades, las fiestas o la actividad de tomar fotos grupales de los colegios. Es hora de reinventarse pero es fundamental, en este nuevo proceso y contexto, buscar motivaciones”, concluyó.