Menos popular que su pariente cercano, el jacarandá, pero no por ello menos espectacular, el lapacho se caracteriza por una intensa floración, que comienza hacia el final de los meses fríos y se intensifica durante la primavera.
Con el tiempo los lapachos se han transformado en una suerte de símbolo y cada año, cuando explota cargado de flores color rosa, se transforma en la confirmación oficial de que la primavera ha llegado. Y después de un invierno largo e intenso, esta fue especialmente esperada.
Desde hace unas décadas, la flora nativa argentina es plantada en parques, paseos costaneros, y también son elegidos para algunas veredas. Son especies muy floridas como los lapachos, ceibos, jacarandá que además se adaptaron maravillosamente a la Ciudad. Hay palos borrachos en Plaza Italia, en Plaza Mitre, en el Parque urbano, en la 9 de Julio, Y lapachos en la avenida Anta , en las plazas, en la subida de la barranca en el pasaje Tabochini y 9 de Julio,
El lapacho inicia el calendario escalonado de floraciones de los árboles. Cada año es volver a recordar estas fechas y el trabajo y empeño que se debe poner en el paisajismo de la ciudad, que no debe ser esporádico sino un proyecto de largo plazo que se le debe a la ciudad desde el municipio.
Por estos días, todos los lapachos de la Ciudad ya están en flor. Su flor es rosa, puede haber también blancos.
Aroma de azahares
Junto con las flores de los lapachos también suelen aparecer las de las plantas de naranjas agrias (Citrus x aurantium): gran deleite de los transeúntes y los polinizadores. El aroma característico del azahar se debe a los aceites esenciales del árbol. Su principal componente es el neroli, pero tienen también limoneno, linalol y nerol entre otras esencias.
Hay algunos aún en las calles de Zárate, son los típicos de la calle 25 de Mayo en el centro que, según la tradición oral, fueron fuentes de inspiración para el célebre tanto de los hermanos Expósito “Naranjo en Flor”.
Calendario de floración de las especies autóctonas
Lapachos ( en septiembre), ceibos (flores rojas, en octubre), jacarandás (flores lilas, en noviembre), tipas (flores amarillas, en diciembre) y palos borrachos (hay varias especies, que florecen en diferentes momentos del año y con colores variados). Estas floraciones se repiten todos los años, aunque muchas veces se han visto alteradas por diferentes factores: el cambio climático -por ejemplo inviernos muy cálidos- o incluso, un virus, como ocurrió con los jacarandás en 2015, que se quedaron sin hojas y no florecieron.
El valor de la flora autóctona
Fue el artista y paisajista Carlos Thays quien supo reconocer, como nadie, el valor de la flora autóctona, la estudió y la aclimató en la ciudad de Buenos Aires. Pero no se quedó sólo con eso. Como buen ambientalista que fue, entendió que la flora es diversa y que su utilización debe incluir lo local y lo universal, por eso mezcló y plantó tanto lo propio como lo ajeno. Thays tuvo la aptitud de pensar a futuro, nos legó la felicidad de disfrutar de su obra, por eso debemos retribuirle respetándola, entiende Sonia Berjman, quien publicó varios libros sobre el paisajista francés y es una de las personas que más ha estudiado y documentado su trabajo en Buenos Aires.











